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Tu protección solar y tú, más que amigos

1 Julio 2013
INICIO | TU PIEL

Toda historia tiene un principio y un final. Y nuestra exposición bajo el sol no podía ser menos, especialmente en la temporada de verano. Tiene un antes, un durante y un después en los que la crema protectora se convierte en uno de nuestros aliados perfectos. De todas formas, concienciémonos: no es la única. Ni la primera ni la última que deberíamos utilizar.

El antes no sólo se refiere a la aplicación de la protección antes de salir de casa, sino a todo un periodo de “puesta en marcha” que deberíamos tener en mente antes de comenzar a tomar el sol. ¿Y qué necesitamos? Hidratación y comenzar a tomar los primeros baños de sol progresivamente. Como cuando comenzamos a hacer ejercicio… sin prisa, pero sin pausa. Un detalle muy importante es aplicarnos la protección de forma previa a llegar al lugar en que estaremos al aire libre.

Es realmente dañino dejar nuestra piel a la suerte del sol mientras van pasando los años… Poco a poco, o simplemente con alguna reacción repentina, podemos notar los efectos secundarios de no cuidar o no valorar la delicadeza de nuestra piel. Hablamos de que pueden aparecer desde reacciones alérgicas hasta sufrir un envejecimiento prematuro.

Como si de una prenda más se tratara, la crema protectora actúa de barrera. Teniendo en cuenta que nuestra exposición bajo los rayos solares suele ser en épocas en que nos encanta aligerar nuestra cantidad de ropa… Resguardémonos. ¡Podemos evitar incluso lesiones en nuestro ADN! A día de hoy, ya existen tratamientos reparadores, pero la prevención es esencial. Sobre todo para los niños: ellos absorben el sol mucho más que los mayores. Por regla de tres, están también más expuestos a los efectos dañinos de los rayos ultravioletas. ¿Conclusion? Démosles la protección necesaria. A ellos y a las personas de pieles  –o fototipos- más claros.

Y otra parte del cuerpo no menos importante… ¡los labios! ¿Quién se acuerda de ellos en verano? Por supuestísimo que es piel, y de las más sensibles en cuanto a textura. Nuestro kit de supervivencia, sin duda, incluirá protección para esta zona tan delicada.

Sabiendo que toda historia tiene su final, nuestra vuelta a casa marcará la diferencia. Después de haber estado bajo el sol largo y tendido… calmemos, refresquemos y rehidratemos: interna y externamente. Al cabo del día, la piel no deja de tener tanta sed como nosotros. Por ello, escúchala y dale aquello que te pide. Un gel calmante con aloe vera  o un té verde (muy antioxidante, por cierto) podrían ser una solución perfecta. A última hora necesitamos aliviar las rojeces y dejar la piel como si nada hubiera pasado. Recuperar sus energías es tan importante como prepararla para la exposición en largos días bajo el sol.

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